Las claves fundamentales para aprender Tarot, a través de la numerología decimal.

Desde que se estudia el Tarot, diversas interpretaciones para entender sus conceptos han surgido, incorporando elementos del alfabeto hebreo, la astrología e incluso concepciones originarias de otras culturas. Sin embargo, comprender el Tarot desde su esencia puede ser más útil, al menos en un principio, para descifrar sus fundamentos. En este caso, aparece la numerología del Tarot un sistema esencial a la hora de comprender su estructura, es como el compás de una danza: Al igual que un compás define el ritmo de una coreografía, la numerología en el Tarot establece el ritmo y la secuencia de los ciclos que vivimos a través de las cartas.

A partir del enfoque evolutivo de la numerología del Tarot, expuesto por Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa, comenzamos a ver un modelo decimal que revela la estructura del Tarot como un ciclo interconectado, arcano con arcano. Este enfoque concibe el Tarot como un ente activo, en constante cambio, basado en un ciclo lineal que avanza progresivamente y, al culminar, regresa a su fuente inicial.

El esquema presentado en la vía del Tarot se basa en la carta del Mundo, que sirve como guía para comprender la progresión numérica. En este recorrido, se parte de un plano terrenal hacia la dimensión celeste, que representa la parte superior del esquema. En este recorrido, los números impares se identifican como activos en el lado derecho, mientras que los pares son receptivos en el izquierdo. El grado I está fuera de la línea que delimita el inicio del esquema, al igual que el grado X en la parte superior. El cuadrado terrenal abarca los grados II, III, IV y V; en la dimensión humana, se encuentran los grados IV, V, VI y VII, y en el cuadrado celestial, los grados VI, VII, VIII y IX.

Para resumir cada grado y entender su energía esencial, a continuación presento frases clave correspondientes a cada uno. En el grado I (El Mago), encontramos el inicio, donde se contemplan todas las opciones, hay creatividad y entusiasmo; lo importante es saber cuándo comenzar. En el grado II (La Papisa), se trata del momento del aprendizaje y la acumulación, con una energía que se dirige hacia adentro. En el grado III (La Emperatriz), hay una explosión creativa: lo que estaba guardado en el grado anterior surge de forma fulminante, aunque inmadura. En el grado IIII (El Emperador), la energía es estable y busca asentarse. En el grado V (El Papa), se da el último paso antes de ascender al cuadrado celestial, un paso hacia una nueva dimensión. En el grado VI (El Enamorado), se abre a un nuevo mundo y la otredad. El grado VII (El Carro) representa la acción en el mundo, la conciencia y el servicio. En el grado VIII (La Justicia), se alcanza la perfección, el equilibrio y la receptividad en su máxima expresión. El grado VIIII (El Ermitaño) simboliza la crisis y el desprendimiento positivo, y en el grado X (La Rueda de la Fortuna) se refleja lo cumplido y el cierre de un ciclo, dando inicio a uno nuevo.

Si deseas conocer otro sistema de lectura numerológica, como por ejemplo la del sistema en siete puedes explorarla aquí; esta es una propuesta novedosa de Marianne Costa, que nos permite establecer nuevas relaciones entre el primer arcano de cada septenario.

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