
El Viaje del Alma: Significado de los Arcanos Mayores a través del Tarot Terapéutico
Todos conocemos el Tarot, una práctica ocultista relegada de la sociedad tradicional y vista como un mero espectáculo de ocio para revelar los designios del futuro. Pero, ¿es el Tarot en verdad un arte de la adivinación? Si vamos más allá, en el siglo XVIII comenzaron a surgir las primeras interpretaciones esotéricas del Tarot con estudiosos como Antoine Court de Gébelin, un masón cuya obra más influyente en este contexto es Le Monde Primitif, analysé et comparé avec le monde moderne (1773–1784), una enciclopedia en varios volúmenes donde exploraba diversos temas, desde la mitología hasta el simbolismo antiguo. En el octavo volumen de esta obra, publicado en 1781, hizo una de las primeras conexiones entre el Tarot y el esoterismo, uniendo este mazo de cartas con conocimientos místicos y simbólicos.
Desde esta perspectiva, el viaje iniciático, para muchos esotéricos y estudiosos del Tarot, proviene de interpretaciones donde los Arcanos Mayores son una representación simbólica del recorrido espiritual del ser humano. Cada carta o arcano se percibe como un arquetipo que expresa una lección o etapa crucial en el desarrollo y evolución de la conciencia.
Si usamos la numerología septimal del Tarot, planteada por Marianne Costa, empezando por el Arcano número I, El Mago, hasta el Arcano VII, El Carro, vemos claramente el inicio de este viaje, presentado como fases del desarrollo. Si lo situamos en la vida humana, sería el niño que inicia su etapa de descubrimiento a través de la ayuda femenina y masculina, donde todas las posibilidades son suyas (El Mago). No hay nada que no sea potencial para él. A medida que avanza, comienza un proceso de aprendizaje y acumulación de conocimiento (La Papisa), seguido de una salida al mundo desde su comportamiento más impulsivo y sin una dirección concreta (La Emperatriz). Luego, pasa por la maduración de su entorno y su mundo (El Emperador), la búsqueda de nuevos horizontes y medios (El Papa), el reconocimiento y apertura hacia el otro (El Enamorado) y finalmente, la entrada de su conciencia dirigida hacia una acción verdadera (El Carro).
En el siguiente nivel de esta estructura, encontramos las cartas de La Justicia hasta el Arcano XIII, Templanza, que nos hablan de la edad adulta. Ya un ser maduro y equilibrado (La Justicia) se enfrenta a crisis y renuncias obligatorias que todo ser humano debe afrontar (El Ermitaño), para dar fin e inicio a los ciclos de la vida (La Rueda de la Fortuna). Con esto, hay un regreso de la energía vital (La Fuerza), lo que permite reiniciar, pero con un aliado que antes no estaba: la introspección, la inversión y la escucha (El Colgado). Esto nos prepara para la limpieza y destrucción necesarias (El Arcano sin Nombre), culminando en el abrazo del ángel y la sanación (Templanza).
Finalmente, con los últimos siete arcanos, ya posicionados en un plano más divino y cósmico, el cuerpo habita el plano físico mientras se conecta con el plano más sutil. Después del Arcano XV, el ser se enfrenta a sus demonios internos, haciendo consciente lo que está en su inconsciente (El Diablo), para finalmente liberarse de ellos, revelando su verdadera identidad (La Casa Dios), y plantarse en el mundo de forma auténtica y generosa (La Estrella). Aquí, en medio de las tinieblas, reconoce tesoros que brillan y conducen a respuestas (La Luna), encontrando un nuevo día y una esperanza que deja entrever una nueva construcción (El Sol). Así, renace su versión más pura para encontrar su propia voz (El Juicio) y vivir plenamente, fusionado con el mundo, pero reconociendo a su vez que todo tiene un nuevo fin (El Mundo).
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